Comisión Interna de AGEA-Clarín

Archivar para el mes “julio, 2016”

Encuesta Salarial AGEA-Clarín 2016

De acuerdo a lo votado en Asamblea estamos recabando información sobre la situación socioeconómica de todos los trabajadores del gremio de prensa de AGEA con el objetivo principal de tomar conocimiento en detalle de la situación salarial y laboral que enfrentamos. Los datos que obtengamos serán una valiosa herramienta en nuestra tarea como delegados para seguir reclamando por mejoras en las condiciones laborales.

Para eso, les pedimos que respondan el CUESTIONARIO publicado en el siguiente link  -les recomendamos al hacerlo tener a mano un recibo de sueldo-:

http://goo.gl/forms/f6mq2b2EAk5ez0J33

La participación es ANÓNIMA y requiere de un CÓDIGO de validación que estamos repartiendo personalmente y que cada participante tomará al azar en los distintos sectores de la empresa. Para facilitar la tarea quien quiera puede acercarse a alguno de los delegados y solicitarlo personalmente.

Por dudas o para solicitar que pasemos por el sector a entregar códigos de validación pueden enviar mail a delegadosclarin@yahoo.com.ar

Necesitamos y esperamos la colaboración de todos.
¡Muchas gracias!
Comisión Interna de Trabajadores de Agea/Clarín

Un periodista que vivía la profesión durante las 24 horas

Sergio Dima (1971-2016). Trabajaba en Clarín desde 2005. Había pasado por Zonales y por la web y actualmente era redactor en Policiales.

Sergio Dima (45). Periodista de Clarín. Luchaba contra los abusos policiales y el gatillo fácil.

Por Esteban Mikkelsen Jensen
Irremediablemente, la muerte nos llega a todos, tarde o temprano, pero hay muertes que son arteras, inesperadas, que te dejan aturdido, sin respuesta, sin reacción. Y esa fue la muerte de Sergio Dima, periodista de la sección Policiales de Clarín, un compañero con todas las letras, que nos dejó con 45 años muy bien vividos, aunque todavía con mucho por delante.

“Dimao”, como lo bauticé desde esa vez que fuimos a jugar al fútbol 5 (bah, a correr detrás de la pelota) y llevó puesta la camiseta de Brasil, era un animal del periodismo. No era un periodista de escritorio. Ejercía la profesión las 24 horas. Aun fuera de su horario, te mandaba el e-mail con el tema que le parecía que podía ser noticia. Había que apuntarle el foco, calibrarle el GPS, y ahí arrancaba. Con su palabra “secuencia”, que nunca faltaba.

Era de Vicente López, donde terminó la secundaria en 1988. Se fue a vivir varios años a Amsterdam (Holanda) y entró a la redacción de Clarín en 2005. Pasó por Zonales, por la Web y en 2010 recaló en Policiales. Enseguida se hizo querer. “Un buen tipo”. Así lo recuerdan todos. Recorrió el Conurbano haciendo aperturas para la sección Policiales, donde se habrá comido no sé cuántos choripanes, porque llevaba lo popular bien arraigado.

Tenía códigos y el sí fácil, se prendía en todas. Era amiguero, se preocupaba por el prójimo. Siempre con el “pucho” a mano, el “tubo” de vino tinto que compraba en “el chino”. El mate. La pasión. El compromiso. No escribía las notas para “zafar”, ponía todo de sí, haciendo llamados, consultando a fuentes, una y otra vez. Y era generoso con los colegas de los otros medios.

De estilo de vida bohemio, este sobrino del escritor y periodista Miguel Briante nos conmovió a todos con su artículo en primera persona sobre el brutal asalto a sus dos tías jubiladas, que publicó Clarín el 9 de julio del año pasado.

Mirá también: El asalto a mis tías jubiladas 

Sergio era un militante contra el abuso policial, contra el “gatillo fácil”. Eran los temas que más le atraían, luchaba contra las injusticias. Más de una vez le comenté, como editor de la sección, lo bueno que sería que hubiesen más “Sergio Dima” en el diario, por su autoexigencia, porque proponía, porque no se conformaba, a pesar de que la nuestra no es una profesión para enriquecerse, sino más bien para sufrir. Y en eso andaba, peleando por su situación y por la de sus compañeros.

Hincha de Boca, vivió apenas 45 años (nació el 4 de marzo de 1971), pero los atravesó como corresponde. Era feliz con su compañera –Isabel–, con su mamá –Cristina– con su hermano –Mariano–, con sus 2 sobrinitas, con su programa semanal en una FM de Boedo, barrio en el que vivía actualmente.

Habíamos estado cenando juntos la noche anterior. Tomamos, comimos, nos reímos. Como hay que vivir la vida. Nunca podremos explicar por qué se tuvo que ir así, de repente. El vacío que deja no tiene fondo. Hasta siempre Sergito. Te vamos a extrañar… todos los que te tuvimos la fortuna de conocerte.

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Un triunfo de todos

El viernes terminaron por fin los 104 días de espera de Alejandro. Ese día, volvió a reintegrarse a su trabajo. Ese día, los trabajadores le ganamos una batalla a los sectores autoritarios y represivos de la empresa.
El 31 de marzo, Clarín había decidido dejar de llamar a trabajar a Alejandro Ontivero tras 11 años ininterrumpidos. Es que acababa de ser elegido delegado de sus compañeros en una elección realizada por el Sindicato de Prensa Buenos Aires (SiPreBA). Un evidente caso de persecución gremial.
A la empresa se le ofreció incesántemente una negociación, pero sus representantes de RRHH decidieron que lo mejor para lidiar con el normal derecho de organización de sus trabajadores es reprimirlo. Claro, Alejandro, además de representante gremial, es un padre de familia con 9 hijos.
Nada de eso importa cuando se defiende el privilegio de someter a la esclavitud a sus propios trabajadores, a través de 12 años de contratos diarios, sin efectivizarlos.
Sin embargo, gracias al apoyo de muchos compañeros y una asamblea organizada logramos dar difusión a la situación, ejecutamos medidas de protesta y con colectas ayudamos a sostener la lucha de Alejandro, que es la de todos.
También fuimos a la Justicia. El 3 de mayo, el Juzgado de Trabajo Nº 4 dictó una cautelar de reinstalación. Como el diario no la cumplió, estableció una multa diaria de $5.000 hasta que se hiciera efectiva. Acorralada, la empresa debió someterse a los derechos constitucionales.
Agradecemos el apoyo del SiPreBA, tanto para sostener financieramente al compañero, como por el aporte del excelente abogado Guillermo Gianibelli, a quien le estamos por siempre agradecidos.
La lucha continúa ahora y los objetivos son claros: la efectivización y el respeto de los fueros de Alejandro como lo que es, un delegado de sus compañeros. Luego, el fin del trabajo esclavo en la planta de impresión.
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Agea: el salario a diario

El que sigue es un caso real construido a partir de información absolutamente verificable. Se trata de un periodista que ingresó a trabajar en junio de 1998 a Clarín como redactor full time. Lleva 18 años de trabajo en la empresa, pero en ese lapso nunca recibió un aumento individual (ni como premio a su trabajo ni como fruto de un ascenso). Su salario ha ido evolucionando entonces en base a los aumentos colectivos, ya sean decidios por la propia empresa o en paritarias con el gremio de prensa.

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A su ingreso a AGEA SA a mitad de 1998 su sueldo era de 2.339 pesos o su equivalente en dólares de aquella Convertibilidad. El precio de tapa del diario Clarín de los días miércoles, libre de suplementos, era por entonces de 1 peso o 1 dólar. En consecuencia, el salario básico de este periodista le permitía comprar 2.339 diarios por mes. En realidad un poco menos, porque ese monto sufre descuentos que generalmente reducen el salario de bolsillo.

En la convertibilidad, entonces, el poder de compra de un redactor promedio de Clarín era de 2.339 clarines.

En 2002, con la devaluación y la debacle económica, el precio de tapa de Clarín aumentó a 1,20 pesos, pero el salario de este periodista se mantenía en los mencionados 2.339 pesos. En consecuencia, podía comprar solo 1.949 diarios por mes.

La capacidad de compra del salario de este redactor -medida en clarines- creció progresivamente en los años siguientes, con la recuperación económica. Fue de 2.276 diarios en 2004; de 2.383 en 2005; y así…

Ya veterano en su oficio, este redactor de Clarín tuvo un pico de ingresos en 2009. Con su salario de recibo podría adquirir 2.666 diarios. Todo un récord.

Un año después, en 2010, el primer Bicentenario encontró a este redactor con un sueldo de 6.934 pesos. Pero como la inflación ya era una realidad instalada en la Argentina, el precio del diario de los miércoles había subido a 2,75 pesos. Su poder de compra se había reducido levemente a 2.521 ejemplares del producto que él mismo colaboraba a construir todos los días.

Más o menos parecida, esta situación se mantuvo en los años subsiguientes. A mediados de 2014, ya en pleno desajuste de todos los precios de la economía, el precio de tapa del Clarín se había ido a 8 pesos, pero el salario de este periodista también había crecido a 20.466 pesos. La relación quedaba en aceptables 2.558 clarines.

Pero algo sucedió después. Y no fue nada bueno para el redactor y sus compañeros de trabajo.

En 2015, el “sueldo mensual empresa” de este trabajador se había elevado ya a 21.312 pesos, pero como el precio del diario había crecido hasta 12 pesos, su poder de compra se había reducido violentamente hasta 1.776 clarines, un nivel inferior al de la crisis de la convertibilidad.

En 2016, y en base a los números de mayo, el panorama de este redactor era desolador: su sueldo era de 27.706 pesos, pero el Clarín había aumentado a 20 pesos. Por lo tanto, el salario le alcanzaba para comprar apenas 1.385 clarines. Si se sumaba la “asignación no remunerativa” correspondiente al aumento del 15% dispuesto por la paritaria, el ingreso mejoraba a 31.862 pesos, pero todavía así su poder de compra en clarines era el más bajo de toda su historia laboral: 1.593 diarios.

Esta pequeña crónica muestra a las claras el brutal deterioro salarial que registran los periodistas de los medios gráficos de Clarín en los últimos dos años. Hoy, este veterano redactor puede comprar con su salario poco más de la mitad de los diarios que hace apenas tres años. O dicho de otro modo, la empresa redujo a casi la mitad su costo en salarios. Si se aplicara el actual precio de tapa de 20 pesos al promedio histórico de 2.500 diarios, este trabajador debería estar cobrando cerca de 50.000 pesos.

Estamos hablando, queda claro, de un periodista que se desempeña en una sección destacada de Clarín y que tiene bastante antigüedad. La mayoría de los redactores de este diario, La Razón, Olé y otros medios del grupo cobra bastante menos, un promedio de 16.000 pesos en mano. Esto significa que en su caso el poder de compra se redujo a solamente 800 clarines en la actualidad.

En 2014, Clarín tuvo un promedio diario de ventas de 231.727 ejemplares, lo que equivale a 6,95 millones de diarios por mes. Es decir, con dichas ventas perfectamente podría pagar el salario mensual de 4.400 redactores como el de esta historia, y que en mayo ganó el equivalente a unos 1.600 clarines. Esto sin contar otros ingresos de la empresa, como las ventas de publicidad, los adicionales por suplementos y revistas, el mayor precio de tapa de los domingos, o los nuevos ingresos por publicidad en Internet. Sin embargo, en AGEA trabajan menos de la mitad de esas personas y la mayoría cobra sueldos inferiores al de este redactor. Queda claro que, aún en medio de la caída libre de las ventas de diarios, la tajada del león del negocio no va a los trabajadores.

Peor todavía: el brusco deterioro del salario real de los periodistas de Clarín en los dos últimos años coincide con la apertura del retiro voluntario en la empresa. Para el redactor de esta historia, los bajos salarios se han convertido en una invitación a decir chau y terminar de un plumazo con una carrera periodística de casi dos décadas.

Coincide además este brusco deterioro del salario real con la aparición de paritarias mentirosas, de las que no participan delegados de base de las diferentes redacciones y donde la negociación es digitada por las empresas que prostituyeron una Utpba que no representa a nada ni nadie.

Queda claro que para el diario, el costo del salario se ha abaratado muchísimo. Y queda claro que para el redactor se ha vuelto imposible vivir con su salario a diario.

Comisión Interna de los trabajadores de AGEA

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